lunes 4 de febrero de 2008

¿Que hacer con la Homosexualidad?

1 comentarios:

Susana Guzner dijo...

Pche, pche, padre Alberto, cuán Real Academia Española se me pone Vd. cuando habla de matrimonio, si es que...
En efecto, según la ínclita se trata de la "unión entre hombre y mujeres mediante determinados ritos", apúntese un diez. Pero en Puerto Rico también es un plato que se hace de arroz blanco y habichuelas guisadas, y para nuestra admirada Doña Botella una macedonia de frutas con sus peras y manzanas. Ya ve que todo es del color del cristal con que se mire.
Si partimos del arroz blanco con habichuelas no veo yo inconveniente en pedir matrimonio a mi novia, a ambas nos gusta mucho y lo preparamos a la perfección. ¿Es legal comerlo? ¿Deberían prohibir esta exquisitez culinaria?
Pero deje, Don Alberto, no me responda. Comprendo que está terriblemente ocupado salvando almas ajenas a la suya, recaudando fondos para su paupérrima iglesia, interviniendo políticamente en tantos entuertos por desfacer (¡Dura la vida de un religioso católico, le compadezco!) y tantas tareas de vital importancia a las que se ven sometidos por una sociedad inmoral, atea, indecente y que va contra la palabra de su Dios, palabra que, de todos es notorio, con sangre entra.
Mire, Don Alberto, me voy a permitir un consejo y de antemano pido perdón por mi osadía: usted dedíquese a tocar la campanita, a repartir esas bonitas estampas con el corazón de Jesucristo abierto en canal (tan gore él, waww), a pasar el cepillo en su parroquia - el de saquear feligreses me refiero, el otro ya lo pasa su sivienta - y a cuanto implique sus labores de zángano pagado por toda la ciudadanía.
¿Para qué meterse en camisa de once varas? Después deberá pedir perdón como con el holocausto judio y su Santa Inquisición - aunque lleve años y hasta siglos - y entonar aquello de "donde dije digo digo Diego". ¿Le merece la pena? Creo que no, Don Alberto. Ponga una franquicia de sotanas y alzacuellos, un catering de yemas de Santa Teresa o cualquier otro negociete de buen futuro, gánese el salario con el sudor de su frente como dicen sus escrituras y ya no se coma el tarro con la vida ajena.
Simplificando: déjese de joder, querido.